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Hay lugares en el mundo donde la paz se escribe en discursos.

Y hay lugares donde la paz se construye cada día con hechos.

En el sur de Gran Canaria existe uno de esos lugares.

Ese lugar es Maspalomas.

Un territorio donde conviven personas de decenas de nacionalidades, religiones y culturas.

Un lugar donde la diversidad no divide… une.

Pero esta historia no comenzó con un reconocimiento.

Comenzó con una visión.

En julio de 2014, el Rotary Club de Maspalomas inauguró el Camp Internacional de la Paz, una iniciativa que nació tras una propuesta de Francisco Arcos y que encontró en Andrés Barriales a uno de sus grandes impulsores.

Barriales entendió algo esencial:
si queremos un mundo más pacífico, debemos empezar educando a los jóvenes en la convivencia, el respeto y el diálogo . Y Maspalomas es ese lugar de ejemplo para lo demás y por eso , por que no lograr que Maspalomas sea reconocida como Ciudad Rotaria de la Paz, así termino su discurso de Inauguración del primer Camp de la Paz de Maspalomas.

Desde entonces, jóvenes de distintos continentes han llegado a Maspalomas para compartir culturas, escuchar otras realidades y aprender que la paz no es una palabra… es una práctica.

Pero detrás de aquel campamento hubo mucho más.

Hubo años de trabajo.

De proyectos.

De alianzas.

De compromiso.

Y de liderazgo.

El esfuerzo constante de Andrés Barriales, junto al Rotary Club de Maspalomas y muchos socios comprometidos, convirtió una idea local en un movimiento internacional.

Hasta que llegó un día que marcó la historia de esta ciudad.

El 29 de marzo de 2016, Maspalomas fue reconocida oficialmente como Ciudad Rotaria de la Paz.

La cuarta de Europa.

Y la primera de España.

Un reconocimiento a una comunidad abierta al mundo y al trabajo constante del Rotary Club de Maspalomas por promover la convivencia y el entendimiento entre pueblos.
Tras ese reconocimiento, la ciudad quiso dejar también un símbolo permanente de ese compromiso.
Gracias a la generosidad de Domingo Espino, socio del club Rotario de Maspalomas, se erigió el Monumento de la Paz en Maspalomas, financiado por él y ubicado en un espacio cedido por el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana.
Un monumento que recuerda cada día que la paz no es un concepto abstracto.
Es una responsabilidad colectiva.
Porque la paz no se construye solo con palabras.
Se otorgó por una trayectoria de servicio.

Porque desde Maspalomas la solidaridad ha cruzado fronteras.

En Senegal, con el proyecto para construir en Pambal un Centro Materno Infantil, destinado a mejorar la atención sanitaria de madres y niños en una comunidad que lo necesita.

En Ruanda, impulsando proyectos de desarrollo que ofrecen oportunidades reales a las comunidades.

En Mauritania, a través del proyecto oftalmológico, donde equipos médicos y voluntarios han devuelto la visión a cientos de personas mediante operaciones de cataratas y tratamientos oculares.

Pero la paz también se construye cerca.

Aquí, en Gran Canaria.

El Rotary Club de Maspalomas ha participado, junto al resto de clubes de la isla, en proyectos como la terraza infantil del Hospital Materno Infantil, un espacio de juego y esperanza para niños hospitalizados en Gran Canaria.

Ha apoyado a asociaciones sociales como Cahipso, Elomar y Karuna, que trabajan con personas vulnerables en nuestro entorno.

Y cuando la guerra volvió a golpear a Europa, el club también estuvo allí, apoyando a refugiados ucranianos que llegaron a nuestra isla, demostrando que la solidaridad no tiene fronteras.

Todo este camino tuvo un momento simbólico.

El 29 de septiembre de 2018, Maspalomas acogió la Primera Conferencia Internacional de la Paz.

Entre sus participantes estaba uno de los mayores pensadores del mundo en materia de paz:

El sociólogo noruego Johan Galtung, considerado el padre de los estudios modernos sobre la paz.

Tras conocer la realidad de Maspalomas, pronunció una frase que resume todo lo que esta ciudad representa.

Dijo:

“Maspalomas es un mundo de paz en miniatura… un modelo a seguir.”

Un lugar donde personas de culturas diferentes conviven, trabajan y construyen futuro juntos.

Hoy, Maspalomas continúa ese camino.

Con jóvenes que llegan de todo el planeta al Camp Internacional de la Paz.

Con proyectos solidarios que cambian vidas en África.

Con acciones sociales que fortalecen nuestra comunidad.

Y con el compromiso de personas que creen que la paz no es un ideal lejano.

Es una responsabilidad cotidiana.

Porque la paz no es solo la ausencia de guerra.

La paz es educación.
La paz es respecto.
La paz es solidaridad.
La paz es convivencia.

Y desde este pequeño rincón del Atlántico…

Maspalomas demuestra que otro mundo no solo es posible.

Ya está empezando aquí.

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